Investigaciones internacionales indican que pequeñas dosis de actividad física integradas en la rutina diaria pueden prevenir una de cada diez muertes prematuras a nivel global.
Una serie de investigaciones internacionales recientes está transformando la manera en que se entiende el bienestar físico. Un macroanálisis que procesó datos de 150.000 adultos en el Reino Unido, Estados Unidos y Escandinavia arrojó que cinco minutos de actividad física moderada al día podrían prevenir una de cada diez muertes prematuras a nivel global.
Prácticas como caminar a paso ligero, subir escaleras de forma enérgica o andar en bicicleta actúan como un escudo protector para el cuerpo, el sistema cardiovascular, el cerebro, la memoria y la gestión del estrés, según los investigadores.
“Fue sorprendente ver que cambios tan pequeños en la actividad física pudieran tener un impacto tan grande en la reducción del riesgo de mortalidad prematura”, afirmó el doctor Ulf Ekelund, profesor de la Escuela Noruega de Deporte y director de la investigación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene su recomendación de 150 minutos de ejercicio moderado a la semana, pero este enfoque democratiza el acceso a la salud para quienes tienen dificultades de agenda o limitaciones físicas.
La clave detrás de este fenómeno radica en lo que los especialistas denominan “ejercicio en pequeñas dosis” o ráfagas breves de actividad. Marie Murphy, profesora de la Universidad de Ulster (Reino Unido), explicó que estas fracciones de movimiento aumentan la frecuencia con la que se estimula el metabolismo. Al realizar un esfuerzo corto pero intenso —como bailar una canción en la cocina o limpiar la casa con energía—, el cuerpo entra en una fase de recuperación donde el metabolismo sigue funcionando a un ritmo acelerado por un tiempo extra. “El motor metabólico sigue en marcha”, sostuvo la especialista.
El estudio también midió el beneficio de reducir el tiempo sentado. Los datos revelaron que disminuir el tiempo diario que se pasa sentado en 30 minutos se asocia con una reducción del 7% en la mortalidad prematura. La inactividad física es considerada actualmente una de las principales causas de enfermedades crónicas no transmisibles.
Un estudio complementario sobre hábitos de caminata demostró que dar entre 2.500 y 2.700 pasos al día reduce el riesgo cardiovascular en un 11%, en comparación con el sedentarismo absoluto de quienes apenas llegan a los 2.000 pasos.
Amanda Daley, profesora de medicina conductual en la Universidad de Loughborough, destacó que la clave del éxito de este método es la sostenibilidad. “Tenemos formas inconscientes de hacer las cosas. Subís por las escaleras porque es lo que aprendiste; se convierte en un hábito”, declaró. Acciones cotidianas como estacionar el auto cinco minutos antes del destino, cargar las bolsas de las compras o realizar sentadillas mientras se espera que hierva el agua, sumadas de manera constante, construyen una vejez con mayor fuerza muscular y mejor calidad ósea, según los investigadores.
