Un encuentro fortuito entre un trabajador comodorense y el viajero Cristian Orozco derivó en la reconstrucción total de su carro, clave para continuar la travesía desde Ushuaia hasta Alaska.
Comodoro Rivadavia es una ciudad marcada por el viento y el trabajo. En sus talleres se guardan historias de esfuerzo y solidaridad. En el Día del Trabajador, la historia del Grupo Purins emerge como un ejemplo del espíritu local: la precisión técnica combinada con la ayuda al prójimo.
El taller no es solo un lugar de producción para su dueño, sino su vida entera. “Somos una familia fierrera”, define con naturalidad. Su camino en la tornería comenzó a los 7 años al lado de su padre, en el taller de la casa familiar. Allí, entre virutas de metal y aceite de corte, se forjó un destino que luego se perfeccionó en la escuela fábrica. Hoy, ese legado es una pequeña PyME consolidada en Comodoro Rivadavia que ofrece tornería, fresado, soldaduras especiales, movimiento de suelo y auxilio mecánico. Son 30 años de trayectoria ininterrumpida, con el objetivo de garantizar trabajo de calidad para la ciudad.
Sin embargo, el destino le presentó un desafío diferente, que llegó a través de un encuentro fortuito con el youtuber colombiano Cristian Orozco. Orozco está realizando la travesía de unir Ushuaia con Alaska caminando. Primero necesitó una batería portátil pequeña. Ese contacto fue la semilla de una colaboración que se volvió vital poco después.
Al llegar al Pico Salamanca, un punto exigente de la región, el carro del viajero —que transporta sus pertenencias— colapsó. “Se le rompió todo lo que es las ruedas”, relata el tornero. El arreglo del carro se convirtió en una causa personal. “Me dijo si nos animábamos a hacer el carro y le dije que sí, se lo hacíamos”, explica.
La reconstrucción fue total: una pieza de ingeniería pensada para resistir miles de kilómetros de rutas, ripio y climas extremos. El nuevo carro, que ya luce una pequeña bandera, es una extensión del esfuerzo del taller local. Para el tornero, no hay dudas: “Salió desde Ushuaia, llegó a Comodoro caminando y va a llegar a Alaska. Va a llegar, va a llegar industria comodorense”.
Historias como la del Grupo Purins recuerdan que detrás de cada máquina hay una persona, una familia y una tradición que sostiene el crecimiento de Comodoro. El trabajo duro, la soldadura precisa y la solidaridad mecánica son los motores que permiten que, desde la Patagonia, un sueño pueda llegar al otro extremo del continente.
