El vertedero de la ciudad, ubicado entre los 50 más peligrosos del mundo según un ranking internacional, genera preocupación por la contaminación y la salud de los vecinos, en medio de un debate político sobre su solución.
Bariloche enfrenta una problemática que contrasta con su perfil turístico. El basural a cielo abierto de la ciudad fue ubicado entre los 50 más peligrosos del mundo, según un ranking de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos, y se mantiene como un conflicto sin resolver desde hace más de cuatro décadas.
El vertedero, que ocupa unas 37 hectáreas, quedó rodeado por barrios tras el crecimiento urbano, lo que expone de manera directa a miles de vecinos a sus efectos. En la zona, se repiten escenas de incendios, humo tóxico, olores intensos y presencia constante de residuos a cielo abierto, junto a aves, roedores y perros.
El basural está ubicado en una zona sensible desde el punto de vista ambiental. Se encuentra en la ladera sur del Cerro Otto, con escurrimientos hacia el Lago Gutiérrez y el arroyo Ñireco, lo que incrementa el riesgo de contaminación del agua. Sin sistemas adecuados de contención, los líquidos derivados de los residuos pueden filtrarse y afectar napas y cursos de agua, en una región donde estos recursos son fundamentales.
A esto se suman los efectos en la salud de quienes viven cerca. Según registros elaborados por profesionales del Hospital Zonal, se detectan enfermedades gastrointestinales, problemas respiratorios, afecciones en la piel, irritaciones y cuadros infecciosos, vinculados a la exposición prolongada. Vecinos describen una situación cotidiana marcada por el impacto ambiental. El humo, los olores y la presencia de residuos forman parte del día a día, incluso dentro de las viviendas.
El origen del basural se remonta a la década del 80, cuando una cantera comenzó a ser utilizada como sitio de disposición de residuos. La falta de planificación urbana hizo que con el tiempo el área quedara rodeada por barrios, en una ciudad que creció impulsada por el turismo. Hoy, especialistas advierten que el modelo vigente resulta obsoleto. La disposición de residuos sin tratamiento adecuado no cumple con estándares ambientales ni sanitarios, lo que agrava el impacto acumulado.
El futuro del basural vuelve a estar en el centro del debate político local. Mientras el gobierno municipal impulsa una licitación para un nuevo relleno sanitario y plantea el traslado del vertedero, sectores de la oposición cuestionan la falta de medidas inmediatas. Entre los puntos de discusión, se destacan propuestas como la separación de residuos en origen, campañas de concientización y sistemas de recolección diferenciada, con el objetivo de reducir la cantidad de desechos que llegan al predio.
Desde el oficialismo sostienen que la solución estructural requiere tiempo y planificación, mientras que desde otros sectores advierten que la situación actual es crítica y demanda respuestas urgentes.
