En medio de un contexto económico cada vez más complejo, en Comodoro Rivadavia crecen las iniciativas solidarias impulsadas por los propios vecinos. Una de ellas es el “trueque solidario”, un espacio donde familias pueden intercambiar ropa, alimentos, calzado, juguetes y otros productos sin necesidad de dinero.
Detrás de esta propuesta está Blanca, una vecina de la ciudad que desde el año pasado comenzó a organizar estos encuentros con un objetivo claro: ayudar a quienes más lo necesitan. Lo que comenzó como una reunión pequeña en espacios públicos hoy se transformó en una red comunitaria que no deja de crecer.
“Para participar no se necesita absolutamente nada. Nosotros recibimos muchas donaciones de algunas familias que colaboran, justamente para que quienes no tengan nada para intercambiar igual puedan venir”, explicó.
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La iniciativa comenzó de manera sencilla, en plazas y bulevares, donde los vecinos llevaban aquello que ya no utilizaban para cambiarlo por algo que sí necesitaban. “Arrancamos el año pasado con el trueque solidario para que la gente pueda cambiar cosas que tenía en su casa y ya no le servían, por comida, ropa o lo que les hiciera falta”, recordó.
Sin embargo, con el paso de los meses, la realidad social comenzó a impactar cada vez más fuerte en la convocatoria. “Desde el año pasado notamos que Comodoro empezó a caer mucho, no solo en cuanto al trabajo, sino también por el aumento de los precios de alimentos y ropa. A mucha gente ya no le alcanzó y no pudo seguir adelante”, señaló.
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Según relató, uno de los sectores más golpeados fue el de los trabajadores vinculados indirectamente a la actividad petrolera. “Tenemos muchas familias de albañiles, soldadores y electricistas, que al haber tantos despidos en el rubro petrolero dejaron de tener trabajo porque se frenaron las obras y las construcciones”, explicó.
Esa situación derivó en una realidad aún más compleja hacia fin de año. “En diciembre empezamos a notar que la gente ya se quedaba sin cosas para intercambiar. La ropa que traían, por ejemplo, ya la habían cambiado toda”, contó Blanca.
A pesar de ese escenario, la propuesta continuó creciendo gracias a la solidaridad de la comunidad. “Acá no intervienen políticos ni sindicatos, es simplemente la ayuda de la gente para que todos tengan algo que intercambiar”, destacó.
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En cada encuentro se pueden encontrar todo tipo de productos: desde ropa y calzado hasta juguetes, plantas o artículos para el hogar. Además, hay un fuerte trabajo previo para garantizar que los elementos estén en buenas condiciones. “Cuando alguien trae ropa, yo antes la lavo, la plancho, la perfumo y la arreglo, para que todo se ofrezca de la mejor manera posible”, detalló.
El crecimiento de la iniciativa es notorio. “Cuando empezamos éramos 20 personas, y hoy somos más de 240. Cada vez se suma más gente porque hay más necesidad”, afirmó.
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Pero más allá del intercambio material, estos encuentros también se convirtieron en un espacio de contención social. “Nosotros hablamos con todos, tratamos de conocer sus problemáticas. Nos encontramos con muchas familias que tienen hijos con discapacidad, con autismo o problemas de aprendizaje”, explicó.
La crisis económica también dejó huellas profundas en muchas familias de la ciudad. “Hay muchísima gente que se quedó sin trabajo en el último tiempo. Muchos tuvieron que volver a la casa de sus padres o familiares porque no pueden pagar un alquiler. Se les hace muy cuesta arriba”, relató.
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En ese contexto, el trueque aparece no solo como una alternativa económica, sino también como una red de apoyo comunitario. “Recibimos a todos y los alentamos a que lleven lo que más necesiten, sobre todo abrigo y ropa para los niños”, señaló Blanca.
El próximo encuentro se realizará este domingo en la unión vecinal del barrio San Cayetano, donde esperan nuevamente una gran convocatoria. Allí, como en cada jornada, el objetivo será el mismo: que nadie se vaya con las manos vacías y que la solidaridad siga siendo el motor principal en tiempos difíciles.
