La noche del sábado 24 de febrero – en el estadio Movistar Arena repleto de Capital Federal – una mujer de 46 años oriunda de Trelew vivió el momento que había soñado durante más de tres décadas.
Su nombre es Soledad Alvarado y – cuando las luces del escenario la enfocaron – no podía creer que ella que en 2010 no pudo ver a Chayanne por un embarazo de riesgo, estaba siendo elegida por el ídolo para compartir unos segundos de magia.
La historia comenzó – casi un año atrás – cuando su esposo (con quien está casado hace 17 años) le regaló la entrada para ver al artista que había marcado su juventud y su vida adulta.
«Mi marido me conoció y yo ya era fanática de Chayanne», confesó entre risas en diálogo con ADNSUR mientras recuerda cómo sus amigas la cargaban con la cuenta regresiva.
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Pero el camino hasta ese abrazo con el boricua tuvo un obstáculo doloroso en el camino. En 2010, Chayanne se presentó a pocos metros de Soledad en Trelew pero no pudo asistir.
«Estaba embarazada y tenía un embarazo de riesgo. No me arriesgué a ir al recital», recordó. En sus palabras, aún resuena una mezcla de resignación y responsabilidad de aquella decisión.
En el 2010, Chayanne se presentó en Trelew pero Soledad no pudo asistir porque atravesaba un embarazo de riesgo.
Luis Momberg
El viaje a Buenos Aires fue planeado con la ilusión de quien sabe que algunos sueños no pueden postergarse más. Junto a su marido que la acompaña – incondicionalmente desde hace casi dos décadas – Soledad llegó al estadio sin imaginar que esa noche cambiaría su vida para siempre.
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La ubicación no era la mejor. Estaban a la mitad del campo, en una posición que ella misma describe como «linda, pero alejada».
Sin embargo, el destino tenía otros planes. «Antes de que termine el show, vino alguien de atrás mío, me agarró de la mano y me dijo: ‘Vos vení'», precisó Soledad.
Al principio no entendía nada. Creyó que era algún inconveniente con la producción. Pero cuando comenzó a enfilar hacia el escenario y vio las remeras que decían «staff», su corazón dio un vuelco. «Ahí empecé a gritar. Mi marido me miraba, tenía los ojos muy grandes», describió.
«Subí», le dijeron, y ella estaba en un estado casi hipnótico. Pero sus pies ya estaban en las tablas y entonces apareció Chayanne, el ídolo de millones de mujeres argentinas, que la esperaba con los brazos abiertos y una sonrisa cómplice.
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“Fue un abrazo muy fuerte, súper cariñoso”, confirmó. En sus ojos, se dibuja la misma expresión de asombro que tuvo esa noche.
Soledad no es solamente la fanática que bailó con Chayanne. Es una mujer que a lo largo de su vida soñó con los reflectores aunque por circunstancias familiares y económicas no pudo perseguir ese destino. «Mi sueño era ser actriz cómica. En mi época, ir a Buenos Aires a estudiar era muy dificil», evocó.
Esa veta artística la volcó en los lugares donde podía: en el jardín de infantes donde trabajó, en los actos escolares de sus hijos, en cada espacio donde podía hacer reír a los chicos con payasadas.
«Soy la mamá que actúa en los actos», dice con orgullo como quien encontró en la docencia un escenario alternativo.
Un escenario que, sin embargo, este año decidió abandonar temporalmente. Profesora de Educación Física recibida, con 20 años de trayectoria en el sistema educativo, Soledad tomó una decisión drástica: no buscará suplencias en 2026.
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La decisión no fue fácil pero la madurez le brindó claridad para priorizarse. Este año se dedicará a dar clases en gimnasios particulares o en locales privados donde pueda obtener un ingreso acorde a sus necesidades y su trayectoria en el sistema educativo.
Entre miles de personas, Soledad fue elegida por la producción para subir al escenario.
Mientras define su futuro laboral, el presente le regala una fama inesperada. Los videos de su encuentro con Chayanne dieron la vuelta al mundo y su teléfono no para de recibir mensajes. «Desde Italia, España y Puerto Rico me escriben cosas preciosas. También hubo comentarios en árabe», relató asombrada.
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Su marido, el compañero de 17 años de casados, el que la llevó a Buenos Aires, el que la vio subir al escenario mientras él se quedaba entre la multitud, es quizás quien mejor resume lo que sucedió.
“Ayer mirábamos los videos y él lloraba. Me decía: ‘Flaca, estoy tan feliz de lo que te pasó, tan feliz”, reveló.
Porque él sabe lo que Chayanne significa para su mujer. La conoció ya fanática, la acompañó en aquel embarazo de riesgo que la privó del show en Trelew, la vio ilusionarse durante un año con la entrada que le regaló. Y estuvo en la primera fila de la multitud cuando la eligieron entre miles.
“Las mujeres argentinas soñamos con ir a ver a Chayanne y ni te cuento si tenemos la posibilidad de darle un beso” y en esa confesión se resume el sentir de millones. Por eso, su historia resuena tanto porque en Soledad muchas se ven reflejadas aunque ella haya tenido la suerte de ser la elegida.
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Atrás quedó la bronca de 2010. Atrás quedaron los años de espera, las amigas que se burlaban de la cuenta regresiva, la incertidumbre de si algún día podría verlo.
Hoy, mientras decide si vuelve al aula o se dedica de lleno a los gimnasios; Soledad Alvarado, la vecina de atrás del barrio Santa Catalina de Trelew disfruta de su momento de gloria. «Dios me puso en este camino, vamos a ver qué sale», desliza con esperanza en nuevas oportunidades
Porque a los 46 años, después de un embarazo de riesgo, de 17 años de matrimonio, de tres hijos, de una carrera docente; Soledad demostró que los sueños no caducan.
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Que a veces, cuando menos lo esperás, cuando estás bailando en medio de la multitud sin pretensiones, alguien viene por detrás, te toma la mano y te dice: «Vos vení». Y tu vida cambia para siempre.
