Pocha, desde su colchón rodeada de peluches, vigila con calma el hall de entrada del Hospital Alvear. Ella convive con una gran familia; saludarla es una rutina diaria para el personal y, para quienes circulan por razones de salud, los momentos de espera son suficientes para conocerla y entablar una relación.
“Hola, Pocha”, se escuchan los saludos que se repiten durante todo el día. Pareciera que su cabeza es una tentación, porque muchos pasan, la acarician y siguen su camino.
¿Qué hace un perro aquí? Podría ser la pregunta de quienes diariamente transitan por el Alvear. Algunos, inmersos en sus preocupaciones, tal vez no reparen en su presencia, y es posible que, en el momento menos pensado, ella simplemente se acerque y ahuyente los pensamientos empañados por las preocupaciones.
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“La presencia de Pocha en los pasillos del hospital es muy importante para la salud y el bienestar emocional de quienes deben pasar un tiempo aquí”, enfatizó Stella Armesto en entrevista con ADNSUR.
Pocha tiene un carácter reservado, no invade espacios, solo circula por los pasillos, el hall de entrada y los patios del hospital, en compañía del personal de seguridad.
Mariela Garolini
Stella es la responsable de la Comunicación Institucional del Hospital Zonal Alvear y en 2024 participó en el Observatorio del Vínculo Humano-Animal, una iniciativa de la Universidad Nacional Arturo Jauretche que se dedica a investigar y difundir información sobre la relación entre personas y animales.
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POCHA, LA COMPAÑÍA DEL BIEN
Los estudios sobre la relación entre animales y la salud humana son recientes. En la Argentina, el médico veterinario Enrique Romero creó este observatorio para explorar la importancia de las mascotas en la vida de las personas y las familias, entre otras cuestiones.
Cuando Stella tuvo la experiencia en aquel observatorio, compartió la historia de Pocha que, aunque llegó por accidente al hospital hace unos 9 años, cumple un rol muy importante allí.
Saludos de familiares y pacientes en el día del animal
Redes del Hospital Alvear
Pocha no entiende de investigaciones; simplemente está presente en el hospital, y eso le basta a ella y a quienes disfrutan de su compañía diariamente.
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“Hay personas que pasan tiempo en el hospital porque tienen un familiar enfermo y Pocha se convierte en una compañía para ellos. Es habitual que nos comenten lo importante que fue para ellos su presencia”, expresó Stella.
En Buenos Aires, el Hospital El Cruce, por ejemplo, posee un programa de staff canino; allí un perrito acompaña a los pacientes y participa en la experiencia de recuperación de los mismos.
“Pocha nos eligió a nosotros; ella no tiene un rol formalizado aquí, no buscamos un perro con determinadas características de tamaño y carácter, pero igual cumple su función”, afirmó Stella.
Pocha diariamente realiza los recorridos con los guardias de seguridad del hospital
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En el Alvear todos los trabajadores se ocupan de su bienestar y están atentos a lo que Pocha necesita diariamente, porque si ella transmite bienestar, debe estar cómoda y saludable.
UNA PERRA SANA EN EL HOSPITAL
Pocha vivía en la obra del muro costero, pero cuando los trabajos terminaron, los obreros se marcharon y ella quedó allí, en un estado de abandono.
“Pocha estaba muy flaca, era muy arisca, pobrecita, parecía una hiena, no dejaba que nadie la tocara y se trepaba a los contenedores para comer”, contó Maite Muñoz, la actual directora del hospital.
Aunque la perra no dejaba que nadie se acercara, el personal del hospital comenzó a dejarle alimento. Llegó el día en que entró en celo y decidieron castrarla.
“Ese día se dejó agarrar, no gruñó, no hizo nada; se la llevamos al doctor Matías y al día siguiente la fuimos a buscar y la trajimos para acá”, recordó Maite.
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Pocha es parte del mural del hospital
Mariela Garolini
De a poco, Pocha tomó confianza y su cuidado se convirtió en una responsabilidad colectiva: vacunas, alimento y atención veterinaria periódica.
“Cuando a Pocha le pasa algo lo ponemos en el grupo de WhatsApp del personal e inmediatamente todos hacen sus aportes”, comentó la directora.
Siempre hay algún médico veterinario que llega al hospital para atenderla, ya sea para realizarle una ecografía o brindarle otra atención.
Su alimentación es muy importante, sobre todo porque es una perra adulta; por eso se le compra un alimento específico y tratan de evitar que las personas le den galletitas y este tipo de cosas.
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El colchón de Pocha está cerca de la oficina del personal de seguridad del hospital; ella está siempre allí, atenta, y cuando ellos salen a hacer sus recorridos, Pocha se activa y los acompaña.
En la oficina de admisión del hospital, hay una caja para que los que quieran, colaboren con dinero para su alimento
Mariela Garolini
POCHA, LA PERRA QUE CUIDA
El carácter de Pocha es reservado; no es de los animales que se acercan a todo el mundo e invaden los espacios. Ella se sienta, mira y decide con quién sociabiliza, y si no tiene ganas, pega media vuelta y se va.
“Pocha es muy territorial, no deja que otros perros se metan al hospital. A nosotros nos acompaña siempre, pero solo circula por los pasillos, jamás se mete en una oficina o una habitación”, indicó uno de los trabajadores de la seguridad.
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Pocha está atenta al personal de seguridad y, en cada ronda, los acompaña. En cuanto alguno de ellos se mueve, ella acerca el hocico en busca de un mimo para luego seguir tranquila su paseo por el hospital.
Camina a ritmo lento y todos la saludan; es el centro de atención del hospital: pacientes, médicos, camilleros; todos repiten: “Hola, Pocha”. Ella apenas reacciona, fiel a su estilo, y continúa firme junto a quien realiza la ronda de seguridad.
Cuando se reúnen las familias en el sillón de espera, ella se sienta cerca y observa; es el momento en que alguien le convida algo o le da algún mimo en su gruesa cabeza.
La presencia de Pocha en el Hospital Alvear refleja cómo el vínculo entre humanos y animales contribuye al bienestar emocional, y demuestra que la compañía también es un recurso valioso en los espacios de salud.
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Mariela Garolini
