Consejo de la «paz imperial: entre los escombros de Gaza y la sumisión de Milei ante Trump

Donald Trump lo hizo de nuevo: con bombos y platillos, presentó en Davos su flamante «Consejo de la Paz» para Gaza, rodeado de presidentes de derecha y burócratas del capital internacional, entre ellos Javier Milei, el primero en firmar.

La ironía es tan grotesca que parece un sketch: mientras los bombardeos y el asedio mataron a miles en Gaza y el 85% de la infraestructura palestina fue arrasada, Trump se autoproclamó presidente vitalicio de este organismo. En su discurso, rodeado de su club de halcones (el secretario de Estado Marco Rubio, Jared Kushner, el ex primer ministro británico Tony Blair), Trump declaró que «el mundo está más pacífico que hace un año» y que «la guerra en Gaza está llegando a su fin». Claro, para él la paz es la de los cementerios.

El plan de «paz» impulsado por Trump –con apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU– no es más que una recolonización disfrazada: un organismo que sólo responde a sus órdenes, integrado por quienes pagan mil millones de dólares y pueden ser expulsados a dedo. Entre los nuevos miembros aparece Milei, que viajó corriendo a Davos para mostrar su lealtad al yanqui de turno, y el carnicero Netanyahu, que aunque no pudo viajar por la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, mandó su adhesión. Los primeros en aplaudir fueron los gobiernos árabes aliados de Washington, que firmaron el «plan de transición» para Gaza, refrendado por la ONU, mientras en la Franja siguen las muertes y la ayuda humanitaria llega a cuentagotas.

Milei: sumisión internacional, represión y ajuste local

Javier Milei no pierde oportunidad de demostrar a quién responde. No sólo firma ciegamente todo lo que le baja Estados Unidos, sino que se muestra como uno de los respaldos más entusiastas del genocidio sionista. El presidente argentino, que termina sus discursos con arengas de «Viva la libertad, carajo», se comporta en la práctica como un gatito mimoso de los capitales más concentrados y destructivos del planeta.

La adhesión argentina al Consejo de Paz de Trump –un club exclusivo de multimillonarios– no tiene más objetivo que blanquear la brutalidad imperialista. Incluso Lula da Silva y otros líderes recibieron la invitación, pero sólo una veintena de países (de los 60 convocados) se animó a firmar. El resto, al menos, se ahorró el papelón.

Pero el alineamiento con la agenda yanqui no se limita a la política internacional. Milei aplica en el país la misma receta de represión y ajuste. Mientras en Davos se codea con los asesinos de Gaza, en Argentina reprime con saña a jubilados que apenas reclaman por una mínima que les alcance para comer, o a trabajadores que luchan por sus salarios adeudados por una patronal que avanza como si la reforma laboral fuera ley, como en Lustramax.

Trump, «pacificador» con mano dura y amenazas globales

El cinismo de Trump no tiene límites. Mientras se jacta de haber «capturado» a Nicolás Maduro –y celebra que «los venezolanos están felices»–, amenaza a Irán, Cuba y Colombia con la misma impunidad con la que bombardea la Franja de Gaza. Su plan es tan opaco como autoritario: la Carta fundacional de la Junta de Paz ni siquiera se hizo pública, y nadie sabe a ciencia cierta cuáles serán sus funciones o su mandato.

Trump ya dejó claro que la «Junta» podría actuar en cualquier parte del mundo, como si fuera una ONU privatizada. “Podremos hacer prácticamente todo lo que queramos”, dijo, sin sonrojarse. La Unión Europea ni se dignó a enviar representantes y hasta Noruega rechazó la invitación, planteando dudas sobre la legalidad y legitimidad de la jugada trumpista. Al interior de su país, empodera a grupos de tareas como el ICE que asesina a inmigrantes, integrantes de la comunidad negra o activistas defensores de las libertades democráticas, todo lo contrario a la “paz” o a la “libertad”, que cínicamente pregona.

La lucha sigue: resistencia internacionalista

Mientras Trump y sus aliados intentan imponer la «paz» de los cementerios, el pueblo palestino resiste, y la solidaridad internacional crece. Este viernes, organizaciones sindicales, de derechos humanos y movimientos sociales del Estado de Minnesota convocan al Día de la Verdad y la Libertad: una jornada de paro y lucha contra la policía migratoria asesina de Trump, que también apunta a visibilizar la complicidad de los gobiernos que, como el de Milei, avalan todas las tropelías del imperialismo.

La Argentina que pretende Milei y el Consejo de Paz de Trump son dos caras de la misma moneda: represión, saqueo, hipocresía y cinismo. Pero el movimiento de solidaridad con Palestina y la lucha de los pueblos oprimidos siguen marcando el camino de la resistencia, dentro y fuera de las fronteras de Estados Unidos. Porque la única paz posible no es la que imponen los poderosos, sino la que conquistan los pueblos con su lucha.

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