No alcanzaron. Ni los 20 refuerzos, ni la inversión de u$s 87,5 millones que se hizo en los cuatro mercados de pases de Marcelo Gallardo, sin contar otros u$s 9M de opciones de compra latentes y un 25% de Federico Girotti. El Muñeco en el rol de CEO del fútbol de River intentó modelar un equipo que pudiera interpretar su libreto en cada momento de la línea de tiempo de su segunda era. Pero no hubo soluciones. Y en algunos casos, hasta errores de lectura de las necesidades como ocurrió en su última ventana de decisiones.
Una llegada con el objetivo puesto en la Libertadores
Pezzella, en su presentación (EFE).
Cada búsqueda tuvo su explicación: es imposible comparar las primeras cuatro incorporaciones con el último póker. Al momento de acelerar agresivamente por Germán Pezzella (pagó su cláusula de € 4,5 millones al Betis), Fabricio Bustos (u$s 5,4 millones a Inter), Maxi Meza (u$s 2.000.000 a Monterrey) y Marcos Acuña (se invirtieron € 5 millones), el plan era aprovechar un contexto. Es decir: apuntalar al plantel que dirigía Martín Demichelis con experiencia en sectores puntuales y, así, competir para ganar la Copa Libertadores. Eran siete partidos, el último en el Monumental. Con dos campeones del mundo más en el grupo. Parecía ideal.
Sin embargo, en Belo Horizonte el primer golpe hizo tambalear el sueño. Pezzella falló, Acuña y Meza no pudieron jugar por lesión, Bustos no pudo repetir lo que había demostrado en sus primeras presentaciones. Y el 0-3 fue irremontable en el Monumental.
Aunque la sensación latente era que el Muñeco tenía plafón para empezar a construir en 2025 con el objetivo de competir en el Mundial de Clubes. El devenir de los meses hizo que el lateral derecho perdiera el puesto al igual que GP, que Acuña recuperara crédito al año siguiente y que MM tuviera intermitencias producto de diversas lesiones.
El segundo mercado, pensando en el Mundial
La Impactante foto de Enzo Pérez en su vuelta a River.
Con esa gran cita en agenda fue que Gallardo apostó muy fuerte en su segunda ventana: la del verano 2025. Decidido a ir a competir, River concretó cuatro regresos de futbolistas con pasado en el club: Enzo Pérez volvió en condición de libre desde Estudiantes, se pagaron € 4,250 millones por Gonzalo Montiel a Sevilla, otros € 6,5 millones por Lucas Martínez Quarta a Fiorentina e impactantes u$s 10.000.000 fijos por Sebastián Driussi al Austin FC.
En esa ventana de verano complementariamente llegaron jugadores con cartel. Un Matías Rojas (a préstamo) que había rendido bien en Racing pero que llegaba sin demasiada continuidad en Inter Miami, un Gonzalo Tapia (libre) que había tenido una auspiciosa aparición en la Católica de Chile, un Giuliano Galoppo (supuso en diciembre pasado una compra de u$s 2M por el 60% tras un año de cesión) que tuvo picos de rendimiento en Banfield y -la más controvertida de las compras- un Kevin Castaño con proyección en la selección de Colombia (se pagaron €12.860.000 al Krasnodar ruso).
El volante Matías Rojas aun en River (Prensa River).
Las apuestas quedaron en manos de la banca en la mayoría de los casos. A excepción de algunos pasajes de Galoppo y del sprint goleador de Driussi durante el primer semestre de 2025, ninguno consiguió ofrecer una contraprestación equivalente a la expectativa generada -ni a los montos invertidos.
Luego de la decepción en el Mundial, Rojas rescindió con apenas 148 minutos jugados divididos en 8 partidos (un gol) antes de rescindir. El chileno Tapia sólo disputó siete encuentros y se marchó al San Pablo. En tanto que Driussi y Galoppo cayeron en el hoyo negro de rendimiento: pese a convertir, nunca se asentaron.
A «reoxigenar» y dar de nuevo
Juanfer Quintero al firmar su contrato en River (Prensa River).
El objetivo de la ventana post mundialista fue potenciar a una base “reoxigenada”, según los términos de Gallardo. Además del chileno y del paraguayo, el Muñeco prescindió de Manuel Lanzini, Rodrigo Aliendro, Matías Kranevitter y Federico Gattoni. En ese mercado también emigró Santiago Simón a México. En contrapartida, buscó mayor juventud y variantes específicas: Matías Galarza Fonda y Juan Carlos Portillo llegaron desde Talleres para cubrir los puestos de volante box to box y de pivote (con posibilidades de moverse de 2 o de 3). Se pagaron u$s 8,5M más el 25% de Girotti.
Además, se concretó la vuelta de Juan Fernando Quintero (supuso un desembolso de u$s 2,5 millones) y la novela del año por Maxi Salas: la decisión de ejecutar la cláusula de rescisión del Gordo (€ 8 millones limpios para Racing) supuso una apuesta, además de la erosión de las relaciones diplomáticas entre Núñez y Avellaneda. Pero los resultados no fueron los esperados: a excepción de JFQ, quien físicamente está óptimo y participó de cuatro de los cinco goles del equipo en el año, no hubo respuestas.
Portillo y Galarza.
Galarza Fonda quedó en la foto de la eliminación ante Racing por una decisión inexplicable en el área en el epílogo, Portillo (ahora lesionado) quedó expuesto en un partido ABC1 ante Rosario Central recibiendo dos amarillas en tres minutos por foules a Ángel Di María y -lo peor- Salas pasó de entusiasmar por su ímpetu y su voracidad física a perder el puesto. La esperanza que disparó su gol en el estreno con Platense -luego hizo dos al hilo, uno ante Palmeiras en Brasil y otro frente a Racing por Copa Argentina- no logró sostenerse. Tanto es así que el 2026 lo comenzó como suplente.
Ahí te dejo Madrid, pensando en el futuro
El último movimiento fuerte fue entre diciembre y enero. El deté tomó decisiones fuertes al dejar ir a cuatro héroes de la final de la Libertadores de Madrid en 2018: Gonzalo Martínez (libre, se fue a Tigre), Nacho Fernández (a Gimnasia), Enzo Pérez (a Argentinos) y Milton Casco (a Atlético Nacional) emigraron. También se fue Miguel Ángel Borja. En contrapartida, a agresivamente a fin de año ya había caras nuevas: Aníbal Moreno (u$s 7 millones a Palmeiras), Fausto Vera (ex Mineiro, se pagarán u$s 500 mil de préstamo con opción de u$s 4,5M) y Matías Viña (idénticas condiciones de FV, acordadas con Flamengo) comenzaron la pretemporada de enero con el grupo.
Fausto Vera y Aníbal Moreno, dos de los refuerzos.
Sin embargo, la ventana dejó sensaciones de vacío. La búsqueda de un revulsivo fue infructuosa: fracasaron las gestiones por Santino Andino, Tadeo Allende, Maher Carrizo y Gianluca Prestianni, además de otros tantos sondeos. La llegada de Kendry Páez, cedido por 18 meses desde Chelsea sin cargo ni opción, no cubrió completamente esa intención de mercado. Y la necesidad de un 9 no fue abordada y pesó en el devenir de los partidos: quedó expuesto por la sequía prolongada de sus delanteros y la ausencia de un centrodelantero natural.
Y así, auque el Muñeco prácticamente reconstruyó el plantel que heredó de Martín Demichelis, acabó teniendo mayores respuestas de jóvenes (Franco Mastantuono, algunos momentos de Santiago Lencina, la reciente aparición de Joaquín Freitas) que de los apellidos que eligió él mismo con elasticidad de billetera. Y que no surtieron el efecto deseado.
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